En mi calidad de Magistrado, resulta indispensable destacar que el principio del interés superior de la niñez constituye el eje rector de toda decisión jurisdiccional que involucre a niñas, niños y adolescentes en el sistema jurídico mexicano. Este principio no es una simple directriz interpretativa, sino un mandato constitucional que obliga a todas las autoridades a colocar en el centro de sus actuaciones la protección más amplia de los derechos de los niños, niñas o adolescentes.
El interés superior de la niñez implica que, ante cualquier conflicto de derechos o intereses —ya sea entre progenitores, familiares o incluso frente al propio Estado—, debe prevalecer siempre aquello que garantice el desarrollo integral, armónico y digno de la persona menor. En ese sentido, la función jurisdiccional exige un análisis exhaustivo de las circunstancias particulares de cada caso, evitando soluciones rígidas o estandarizadas. No se trata únicamente de determinar quién tiene la razón desde una perspectiva formal, sino de identificar cuál decisión favorece de manera más efectiva el bienestar físico, emocional, educativo y social del niño, niña o adolescente.
Asimismo, este principio impone al juzgador la obligación de escuchar y tomar en cuenta la opinión de la niña, niño o adolescente, en función de su edad y grado de madurez, reconociéndolos como sujetos plenos de derechos y no como meros objetos de protección. Este elemento resulta fundamental para construir resoluciones más justas, humanas y acordes con la realidad que viven los niños, niñas o adolescentes.
De igual forma, el interés superior de la niñez actúa como criterio orientador en la interpretación de figuras jurídicas como la guarda y custodia, la patria potestad y los regímenes de convivencia. Cada una de estas instituciones debe aplicarse con flexibilidad, atendiendo siempre a las necesidades específicas del menor y no a intereses particulares de los adultos involucrados.
En conclusión, desde la perspectiva jurisdiccional, el principio del interés superior de la niñez exige una labor sensible, prudente y profundamente comprometida con la dignidad humana, recordándonos que la justicia no puede ser ajena a la realidad y vulnerabilidad de quienes representan el futuro de nuestra sociedad.
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