Como magistrado del sistema de justicia mexicano, he comprendido que la verdadera esencia del derecho no reside únicamente en la correcta aplicación de las leyes, sino en la confianza que la ciudadanía deposita en las instituciones encargadas de impartir justicia. Desde mi experiencia, considero que la justicia no debería sentirse lejana, inaccesible o reservada para unos cuantos. Por el contrario, debe ser cercana, comprensible y humana, capaz de responder a las necesidades reales de las personas que acuden a ella en busca de protección de sus derechos.
Cada expediente representa mucho más que un conjunto de documentos; detrás de cada caso existe una historia, una familia, un patrimonio, un proyecto de vida o una persona que espera ser escuchada con imparcialidad y respeto. Esa realidad exige que quienes ejercemos la función jurisdiccional actuemos con sensibilidad, ética y estricto apego a la Constitución y a las leyes, sin perder de vista que nuestro deber principal es garantizar el acceso efectivo a la justicia.
Estoy convencido de que la legitimidad del Poder Judicial se fortalece cuando la sociedad percibe que sus jueces y magistrados son servidores públicos cercanos, transparentes y comprometidos con la protección de los derechos humanos. La claridad en las resoluciones, el trato digno a quienes comparecen ante los tribunales y la eficiencia en los procedimientos contribuyen a disminuir la percepción de distancia entre la ciudadanía y las instituciones de justicia.
La justicia no puede limitarse a dictar sentencias correctas desde un punto de vista jurídico; también debe generar confianza en que las decisiones han sido tomadas con independencia, imparcialidad y respeto por la dignidad de las personas. En un Estado democrático de derecho, la función jurisdiccional encuentra su mayor fortaleza cuando la población sabe que puede acudir a los tribunales sin temor, con la certeza de que será escuchada y que sus derechos serán protegidos conforme al marco jurídico mexicano.
Por ello, asumo el compromiso permanente de desempeñar mi labor con profesionalismo, integridad y vocación de servicio. Creo firmemente que una justicia cercana no significa renunciar al rigor jurídico, sino ejercerlo con sensibilidad, transparencia y responsabilidad. Solo así podremos consolidar un sistema judicial que inspire confianza, fortalezca el Estado de derecho y haga realidad el principio de que la justicia pertenece a todas las personas, sin distinción alguna.
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